La ley de gravitación universal

El astrónomo y físico italiano Galileo (1564-1632) estudió la caída libre de los cuerpos. Hasta ese momento, todos los científicos habían mantenido la teoría de Aristóteles según la cual la velocidad de caída de los cuerpos es proporcional al peso del cuerpo; Galileo demostró la falsedad de esta afirmación y conjeturó que en el vacío todos los cuerpos caerían a la misma velocidad. Sus experimentos le llevaron a la conclusión de que la velocidad de caída aumentaba uniformemente con el tiempo y de que la distancia recorrida es proporcional al cuadrado de éste.

Conociendo las aportaciones de Galileo en este campo, Isaac Newton intuyó que la fuerza responsable de los cuerpos y la que sostenía a la Luna en su órbita alrededor de la Tierra era la misma. Lógicamente, este descubrimiento no lo hizo de la noche a la mañana, sino que fue el resultado de la reflexión y el estudio.

Newton enunció lo siguiente:

Toda partícula material atrae a cualquier otra partícula con una fuerza directamente proporcional al producto de las masas de ambe inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa.

En forma matemática básica podría escribirse así:

y en forma vectorial:

m son las masas; r es la distancia entre ellas y G una constante universal que recibe el nombre de constante de gravitación.

u es el vector unitario en la dirección de la recta de acción de la fuerza; el signo (-) se debe al sentido contrario de la fuerza que actúa sobre la partícula y el vector unitario de la dirección tomando como origen la partícula que origina la fuerza.

Newton incluso predijo que gracias a este descubrimiento, establecer un satélite artificial alrededor de la Tierra era absolutamente posible.

Newton publicó esta ley en un libro titulado Philosophiae Nauralis Principia Mathematica en 1686, unos once años después de su descubrimiento, cuando logró demostrar matemáticamente que la fuerza gravitatoria ejercida por o sobre una esfera hmogénea es la misma que si toda la masa de la esfera estuviera situada en su centro.

La ley de gravitación de Newton rompió con la teoría aristotélica de la existencia de una mecánica en la Tierra y otra celeste. A partir de la ley de gravitación de Newton puede deducirse la tercera de las leyes de Kepler. Kepler dedujo esta ley del análisis matemático de los datos numéricos, la deducción apartir de la ley de gravitación la justifica desde el punto de vista dinámico.

La constante de gravitación

La constante de gravitación G puede determinarse experimentalmente con la llamada balanza de Cavendish en función de la torsión que sufre un filamento metálico o de cuarzo debido a la atracción entre masas. El propio Cavendish determinó su valor a finales de 1797. El valor calculado de G es:

Este valor es independiente del medio en que se encuentren los cuerpos; por tanto, la constante de gravitación G es una constante universal.

El cálculo del valor de la constante de gravitación permitió calcular la masa de Tierra, la masa del Sol y la masa de cualquier otro de los planetas que tienen satélites o lunas. La precisión que conseguimos gracias a la física y las matemáticas de Newton son asombrosas, de ahí una de las razones de la tremenda importancia que tuvo Newton en la física  y la ciencia en general.

El cálculo de la masa de la Tierra a partir del peso de los cuerpos en superficie

Es obvio que si alguna vez quisiéramos saber qué masa tiene la Tierra no podemos ponerla sobre una balanza o sumergirla en agua para ver cuánto líquido desaloja.

Gracias a las teorías de Newt0n y el cálculo de Cavendish podemos hacerlo de forma mucho más sencillo, utilizando las matemáticas.

Tengamos en cuenta que el peso de un cuerpo es:

Siendo G la constante universal, Mt la masa de la Tierra, m la masa de un cuerpo conocido cualquiera y Rt el radio de la Tierra.

Aplicando la segunda ley de Newton: F=ma y teniendo en cuenta que la aceleración en este caso es -9,8m/s

Resultado: 5,98 x 10^24 kg

Como véis, mucho más simple y un cálculo que supuso un hito para la historia de múltiples disciplinas científicas.

Cómo calcular la masa del Sol

También podemos averiguar la masa del Sol sinplemente sabiendo el periodo de rotación de la Tierra. Aplicando la segunda ley de Newton y teniendo en cuenta que la aceleración debida a la fuerza de gravitación es normal a la trayectoria que describe la Tierra :

De ahí la tremenda trascendencia que tuvo para la historia de la astronomía y la astrofísica, el desarrollo de esta ley universal que aún hoy sigue utilizándose para muchas aplicaciones.

¿Qué es una galaxia oscura?

Hay un tipo de galaxias, cuya característica fundamental es que contiene poquísimas estrellas o practicamente ninguna, de modo que definitiva no emiten luz visible. Principalmente su masa está formada por polvo interestelar, materia oscura y gas. Actualmente existen diversos objetos candidatos a ser considerados galaxias oscuras: HE0450-2958, HVC 127-41-330 y VirgoHI21, esta última practicamente confirmada como galaxia de materia oscura.

Los últimos estudios sobre VirgoHI21 han demostrado que no es como las galaxias habituales. Ninguna estrella brilla en su interior y ningún telescopio ha sido capaz de captar alguna luz que revele su existencia. Su estudio se ha limitado de momento a las ondas de radio, en la frecuencia del hidrógeno y han demostrado que el objeto está ahí y no es precisamente un objeto pequeño. Se ha medido y estimado su masa en unos diez mil millones de veces la del Sol. Los científicos estan llegando a la conclusión de que se trata de una galaxia formada casi en su totalidad por materia oscura.

VirgoHI21 se encuentra a unos 50 millones de años de la Tierra, y aunque no puede verse en luz visible, lo que sí que es visible es su efecto sobre las galaxias visibles vecinas, que se deforman debido al tirón gravitacional.

Debido a que su descubrimiento es relativamente reciente, las primeras detecciones de este tipo fueron en 1987 cuando los astrónomos comenzaron a estudiar galaxias de bajo brillo superficial. Ése año se descubrió una galaxia cuya masa era 5 veces superior a la de la Vía Láctea, sin embargo sólo tenía el 1% de la luminosidad que tiene una galaxia considerada normal. Este fenómeno, actualmente sólo puede explicarse mediante las teorías de la materia oscura de la que los científicos poco o casi nada saben todavía.

Lo más interesante del asunto es que las galaxias de bajo brillo superficial parece que podrían llegar a suponer la mitad de todas las galaxias conocidas, su evolución es mucho más lenta que la de las galaxias normales (siempre aparecen en fases tempranas de formación), tienden a estar aisladas y contener gas de baja densidad (eso evita la formación estelar), y además, como la formación de estrellas en estas galaxias es muy baja, estas galaxias se caracterizan por su baja metalicidad (pocos elementos pesados).

Los 5 misterios fundamentales del Universo

5. ¿Dónde está el resto del Universo?

Resulta frustrante intentar estudiar algo y descubrir que la mayor parte de ese algo parece no estar ahí, aunque sepas que debe estar ahí. Eso es lo que pasa con el Universo. La materia y la energía oscuras parecen dominar el Universo en el que habitamos, pero sólo hemos podido teorizar su existencia debido a los efectos que tienen sobre la materia y la energía “normal”.

A día de hoy, se cree que se ha cartografiado, mediante métodos indirectos, un 4% del total de la energía y materia oscuras. El resto permanece totalmente indetectable para nuestros instrumentos, incluso utilizando métodos indirectos, aunque “debe estar ahí” porque los modelos matemáticos la predicen.

Uno de los grandes retos es entender qué son exactamente la materia oscura y la energía oscura, para poder detallar mejor e intentar mejorar nuestra descripción del Universo.

Anillo de materia oscura

4. ¿Qué causa la gravedad?

Todo el mundo parece estar de acuerdo cuando se habla de que la teoría de la gravitación universal es una teoría muy válida y a la que si le aplicamos las ecuaciones relativistas de Einstein resulta completa.

Aun así, seguimos sin saber qué es exactamente lo que causa la gravedad. La gravedad es una de las fuerzas más débiles del universo, y el modelo estándar de la física actual no puede explicar cómo funciona exactamente. Los físicos teóricos piensan que hay unas partículas diminutas sin masa llamadas gravitones que emanan de los campos gravitatorios.

La gravedad es completamente diferente a todas las demás fuerzas de la naturaleza y cuando se intentan hacer cálculos sobre campos gravitatorios, las matemáticas fallan. Es una fuerza extraña de la que tenemos mucho que aprender.

Gravedad Tierra Sol, ¿qué la produce?

3. ¿Se logrará una teoría de la unificación?, ¿es posible una teoría del todo?

Los físicos tiene un buen “modelo estándar” que establece que el Universo conocido está compuesto de partículas que describen todo lo existente, desde el magnetismo hasta de qué están compuestos los átomos y qué los hace mantenerse estables. El modelo estándar ve las partículas como puntos infinitesimales, y algunos de ellos llevan implícitos las fuerzas fundamentales.

Hay dos problemas con esta teoría: falla al incluir la fuerza de la gravedad y no se cumple exactamente para física de altas energías.

El caso es que explica estupendamente el resto del Universo conocido, así que tenemos un problema. ¿Puede establecerse alguna relación entre esos casos puntuales y el resto de fuerzas?, ¿es incompleta la teoría actual?, ¿es incorrecta?.

Algunos creen que hasta que no entendamos la gravedad en profundidad, no podrá haber una ley unificada, otros creen que hasta que no tengamos una ley unificada no podremos saber con exactitud cómo es la gravedad.

Galaxia y átomo

En definitiva, la teoría del todo o teoría unificada, trata de establecer leyes que expliquen fenómenos a gran escala, como por ejemplo lo que ocurre en una galaxia, y fenómenos a pequeña escala como los que ocurren en el interior de un átomo.

Una de las teorías candidatas es la Teoría M, que se basa en las supercuerdas y en un Universo de 11 dimensiones. El problema es que a día de hoy, es meramente teórica. Algunos científicos incluso han afirmado que la Teoría M es una pseudociencia ya que podría no ser falsable.

2. ¿Existe vida fuera de nuestro planeta?

En nuestro planeta, la vida está por todas partes. En las últimas décadas hemos encontrado vida incluso en los sitios más recónditos y hostiles que se puedan imaginar, en sitios donde antes se pensaba que era imposible que existiera la vida. Una nueva lección de humildad, la vida se abre camino por todos lados, practicamente en cualquier condición.

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En principio parece razonable pensar, que debe haberla en muchas otras partes del Universo también, que esto es muy grande, tanto como NO se puede imaginar.

Pero de momento, no hemos detectado ningún atisbo de vida en ningún otro planeta. Cierto es también, que en cuestiones del espacio, estamos mucho más que en pañales. Apenas hemos pisado nuestro propio satélite y ni siquiera hemos sido capaces de llegar a otro planeta. Hemos enviado sondas, pero es como enviar un mensaje en una botella en la playa, esperando a ser recogido por alguien después de haber avanzado unos milímetros en el mar.

Parafraseando a Sagan: “Estamos a las orillas del océano cósmico”.

También debemos ser conscientes que puede que no todos los planetas tengan condiciones no ya idóneas, sino mínimas para albergar vida. Parece ser que debe tener una temperatura más o menos estable y al menos contener agua en estado líquido.

Confirmar la existencia de vida fuera de nuestro planeta sería uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la humanidad.

1. ¿Cómo “empezó” el Universo exactamente?

Sí, la eterna pregunta, ¿cómo empezó el Universo?, ¿qué dio origen al universo?. Se podría decir que todas las demás preguntas que se haya hecho jamás la humanidad, descienden de esta.

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Las teorías nos hablan que el Universo “comenzó” con el Big Bang hace entre 12 o 15.000 millones de años. La teoría también nos dice que el Universo comenzó con toda la energía concentrada en un punto supuestamente minúsculo y que se ha expandido desde entonces.

El problema es que a día de hoy, estas teorías no pueden probarse mediante pruebas directas y aunque se pudiera, aún quedarían por resolver interesantes misterios, como: ¿que hacía ahí toda esa energía?, ¿es realmente el Universo un producto de la colisión de branas?, ¿qué había antes (suponiendo que hubiera un antes o si es que había algo)?…

Sin duda es la pregunta con mayúsculas y la que mucha gente nos hace cuando se acerca a una plantada de telescopios por primera vez.

¿Cuál es el mecanismo de la gravedad?

La gravedad, se define como la fuerza teórica de atracción que experimentan entre sí los objetos con masa.

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Pero, ¿es esta ley tan simple?, ¿cuál es su mecanismo?. Hay que fijarse y darse cuenta que hablamos de “fuerza teórica”, Einstein demostró que se trata de una magnitud tensorial, un espejismo de una fuerza. En realidad la gravedad deforma el espacio, curvándolo, por lo que una masa (por ejemplo la Tierra), parece atraer al resto de cuerpos.

Newton describió cómo se comporta la gravedad, pero no planteó qué la provocaba, qué mecanismo era el responsable de que la gravedad actuara. Nadie ha proporcionado desde entonces ningún mecanismo, aunque hoy en día ya existen varias hipótesis.

¿Podemos entonces utilizar las matemáticas para describir la gravedad sin un mecanismo que la explique? Pues sí, y de hecho hay que hacerlo, porque de ese modo podemos descubrir más cosas sobre ella y sobre otras partes de la naturaleza.

Se han sugerido muchos mecanismos para la gravedad, pero ninguno de ellos ha conseguido describir el mecanismo de la gravedad sin predecir algún otro fenómeno que no exista (véase el famoso bosón de Higgs).

La gravedad, esa extraña fuerza

La gravedad es una fuerza extraña. Extraña porque no se parece en casi nada al resto de las fuerzas físicas conocidas. Por otro lado, existen analogías bastante fuertes con algunas fuerzas como la de la electricidad. La fuerza de la electricidad viene dad por una constante, con signo menos, multiplicada por el producto de las cargas, y varía de forma inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, está dirigida en dirección opuesta: los iguales se repelen, justo al contrario que en la gravedad. Son dos tal vez dos coincidencias muy importantes, y de hecho, las teorías de campo unificado han intentado siempre unir gravedad y electricidad debido a estas semejanzas. El auténtico problema viene cuando medimos las intensidades relativas, la fuerza de la gravitación, es infinitamente más pequeña que la fuerza de la electricidad. De hecho, si escribimos la relación:

formula_gravitacion_electricidad

La diferencia es tan grande, que hay pocas constantes en la naturaleza que tengan que hacer uso de ese tipo de exponenciales.

Algunos han relacionado este número con la edad del Universo. Obviamente, no podemos estimar la edad del Universo en años, ya que los “años” son algo invención del hombre, no son naturales. Para ello, los científicos midieron el tiempo que tardaba la luz en atravesar un protón, el resultado se comparó con la edad del Universo y la relación fue de 10^-42. Si esto realmente es así, o es fruto de la casualidad, nadie puede estar seguro, pero si fuera cierto, estaríamos hablando de que la fuerza de la gravedad no sería constante con el tiempo. Aún no lo sabemos, porque para poder medir un cambio en la constante de gravitación universal tendrían que pasar muchos años.

La gravedad y la edad del Universo no están relacionados

Pero sí podemos mirar hacia atrás, e intentar verificar cuáles hubieran sido las consecuencias de que esto fuera verdad. Si esta constante estuviera relacionada con la edad del Universo pongamos un ejemplo:

Nos trasladamos a un periodo de tiempo situado en hace unos mil millones de años, en ese periodo, la edad del Universo era un 10% menor, por lo tanto la constante de gravitación debería haber cambiado también un 10%.

Resulta que si consideramos la estructura del Sol (balance entre masa de su material y el ritmo al que se genera energía), podemos deducir que, si la gravedad fuera un 10 por cien más intensa, el Sol sería mucho más que un 10 por 100 más brillante: el brillo sería la sexta potencia de la constante gravitatoria. Si calculamos lo que le sucede a la órbita de la Tierra cuando la gravedad está cambiando, encontramos que la Tierra habría estado entonces más cerca.

En conjunto y resumiendo, la Tierra estaría aproximadamente a 100 ºC de media. Nada de océanos líquidos, así que la vida no habría empezado en el mar, y posiblemente ni hubiera empezado.

Por estos motivos, se cree que la constante de gravitación no esté cambiando con la edad del Universo, aunque tales argumentos no son más que suposiciones y no demasiado concluyentes, podría haber muchos factores intercediendo.

Comparando la gravedad con otras fuerzas

Si comparamos la gravedad con otras fuerzas, como por ejemplo las interacciones nucleares, tampoco podemos explicar la gravitación. La mecánica cuántica aún no ha sido trasladada a la gravitación. Cuando la escala es tan pequeña que necesitamos los efectos cuánticos, los efectos gravitatorios son tan débiles que la necesidad de una teoría cuántica de la gravitación no ha sido desarrollada en la fecha actual.

Igual que Einstein postuló que las leyes de Newton eran incompletas, hace falta que alguien hoy en día nos diga qué le falta a la relatividad para explicar la gravedad.

Muchos científicos están a la espera de los resultados del LHC, en los que se cree que será posible detectar por primera vez un bosón de Higgs.

El bosón de Higgs es una partícula elemental hipotética, cuya existencia lleva predicha hace bastantes años por el modelo estándar de la física de partículas. El problema es que a día de hoy todavía no se ha podido detectar mediante ningún medio.

Descubrir el bosón de Higgs en el LHC, resolvería probablemente muchas dudas sobre la gravedad, ya que se supone que el rol de esta partícula es la formación de la masa de otras partículas elementales (fotones, bosones W y Z). Los fotones son los responsables de la interacción electromagnética y los bosones W y Z de la fuerza nuclear.

Tiempo al tiempo.

Las lentes gravitatorias

El concepto de lente gravitatoria se remonta a 1915, cuando Einstein propuso que la curvatura del espacio-tiempo causada por una masa (por ejemplo, la del Sol) provoca una deflexión de los rayos luminosos procedentes de una fuente distante, como puede ser una estrella.

El observador, que obviamente no ve la curvatura de los rayos, considera que la luz ha viajado en línea recta y cree que la fuente se encuentra en un lugar diferente del que realmente ocupa. La previsión de Einstein fue confirmada por primera vez durante el eclipse de Sol de 1919. Varios años más tarde, en 1936, Einstein analizó el caso en que la masa que provoca la deflexión (la lente) es puntiforme y demostró que la luz procedente de una estrella distante que pasa cerca del borde de una estrella más cercana sufre una deflexión simétrica, dando origen a una imagen anular (que hoy recibe el nombre de anillo de Einstein) para un observador perfectamente alineado con las dos estrellas.

 

En esta imagen podemos apreciar un "anillo de Einstein", donde vemos el objeto observado (izquierda) y cómo son sus componentes individuales (derecha)

En esta imagen podemos apreciar un "anillo de Einstein", donde vemos el objeto observado (izquierda) y cómo son sus componentes individuales (derecha)

 

 

Aun así, Einstein llegó a la conclusión de que la probabilidad de semejante alineación era mínima y consideró que el interés del fenómeno era puramente teórico.

En 1937, el astrónomo Fritz Zwicky propuso que no sólo las estrellas, sino también las galaxias podían actuar como lentes gravitatorias. Al haber muchas más galaxias en el cielo que estrellas en la Vía Láctea, las probabilidades de alineamiento entre galaxias eran ciertamente mayores; además, al ser las galaxias objetos extensos, el problema mismo del alineamiento se planteaba en términos diferentes. Además Zwicky, señaló que el efecto de lente debía de ser más pronunciado en este caso, al ser la masa de una galaxia miles de millones de veces mayor que la de una estrella.

Zwicky era un individualista poco apreciado por sus colegas, por lo que nunca tuvo acceso a los grandes telescopios para verificar sus ideas y las lentes gravitatorias cayeron en el olvido.

Pero el azar quiso…

O la “serendipia cósmica”, como lo llaman nuestros amigos de “A través del Universo”. Como ha sucedido con la mayoría de los descubrimientos astronómicos, la primera lente gravitatoria fue descubierta por casualidad en 1979, cuando Dennis Walsh, que realizaba una investigación sobre las contrapartidas ópticas de las fuentes de radio, descubrió que una de ellas correspondía a dos objetos de aspecto estelar de magnitud 17, con una separación de apenas seis segundos de arco. Algunos meses más tarde, junto con sus colegas R. Carswell y R. Weymann, obtuvo varios espectros de las dos fuentes y comprobó que los dos objetos eran quasars con idéntico corrimiento al rojo de 1,4.

Los investigadores se sorprendieron por el hecho de encontrar dos quasars tan cercanos y por su perfecta similitud, no sólo en el corrimiento al rojo, sino en las líneas de emisión y de absorción presentes en sus espectros y en la relación de las magnitudes a diferentes longitudes de onda. La interpretación que formularon para el fenómeno de los quasars “gemelos” fue que se trataba de un espejismo gravitatorio. En realidad hay un sólo quasar, cuya imagen es desdoblada por la presencia de un objeto masivo, probablemente una galaxia, situada entre nosotros y el quasar.

Unos meses más tarde, utilizando una compleja técnica de análisis de imágenes, Alan Stockton descubrió una galaxia elíptica gigante muy cerca (por efecto de perspectiva) de una de las dos imágenes. En seguida se determinó que el corrimiento al rojo de la galaxia es de 0,36 y que, en consecuencia, se encuentra a una distancia intermedia entre el observador y el quasar.

lentegravitatoria

Observaciones de radio efectuadas con instrumentos más modernos permitieron separar claramente la imagen de la galaxia de las de los quasars gemelos.

Observaciones posteriores

Actualmente se conocen varias decenas de posibles sistemas con imágenes múltiples, producidas por el efecto de lente gravitatoria.

Uno de los más espectaculares es “La cruz de Einstein”, situada en la galaxia Zwicky G2237 + 0305, en la que se observan cuatro imágenes de un mismo quasar.

 

La cruz de Einstein es una de las lentes gravitatorias más espectaculares que se conocen

La cruz de Einstein es una de las lentes gravitatorias más espectaculares que se conocen

 

En los años 90 del siglo XX se confirmó además la predicción de Einstein sobre el espejismo circular cuando hay un alineamiento entre la fuente, la lente y el observador. Esto fue posible gracias a las observaciones realizadas mediante radiointerferometría, cuyo poder resolutivo es bastante mayor que el permitido por los telescopios ópticos.

Las lentes gravitatorias no son solamente un extraordinario fenómeno cósmico, prueba de la curvatura del espacio-tiempo, sino que constituyen un nuevo e interesante instrumento de investigación. De hecho, han resultado ser importantes en el estudio de la materia oscura que, según se cree, rodea las galaxias, ya que permiten calcular la masa de la lente deflectora. Si la masa calculada resulta mucho mayor que el valor deducible de la luminosidad, esto significa que además de las estrellas existe un componente de materia no luminosa.

Además, las lentes gravitatorias proporcionan un nuevo método para medir las distancias de los quasars, estudiando por ejemplo las variaciones a través del tiempo del espectro o de la luminosidad de las diversas imágenes; de esta forma, se puede obtener una estimación del valor de la constante de Hubble, con un método independiente de los clásicos. Diez años de observaciones de los quasars gemenos nos indican que la constante de Hubble se sitúa entre 40 y 90 km/s^-1Mpc^-1, valor que corresponde al intervalo hallado con otros métodos.

Otro uso de las lentes gravitatorias es el cálculo de la densidad de las galaxias presentes en el universo. De hecho, el número de espejismos observados depende del número de objetos que hacen las veces de lente. Finalmente, las lentes gravitatorias funcionan como auténticos telescopios cósmicos, capaces de amplificar las imágenes de fuentes muy distantes y demasiado tenues para ser observadas por otros métodos.

La órbita de la Tierra y las eras glaciales

20070227elpepusoc1yt8¿Qué mecanismos determinan estas variaciones climáticas del planeta?.

La órbita de la Tierra alrededor del Sol no es una circunferencia perfecta, sino que presenta una pequeña excentricidad; además, las fuerzas gravitatorias causadas por los otros cuerpos del Sistema Solar perturban ligeramente el movimiento de nuestro planeta, haciendo que la forma y la orientación de su órbita elíptica cambien continuamente.

Puesto que la energía disponible en la superficie terrestre procede en su mayor parte de la irradiación solar, y dado que ésta depende obviamente d ela posición de nuestro planeta con respecto al Sol, resulta natural preguntarse si las continuas variaciones del clima terrestre, evidentes en la historia geológica y paleontológica, no tendrán en último término causas de tipo astronómico. Como veremos la respuesta a esta pregunta es sustancialmente afirmativa; pero este descubrimiento, más que resolver un problema ha planteado otros extremadamente complejos.

Los diversos mecanismos

La Tierra se encuentra en el punto de su órbita más próximo al Sol a principios de enero. Se podría pensar que este hecho causa una asimetría entre el hemisferio boreal y el austral, en el sentido de que los inviernos del hemisferio norte deberían ser un poco más cálidos y los veranos un poco más frescos que los del hemisferio sur.

Sin embargo, este efecto queda exactamente contrarrestado por el de la segunda ley de Kepler: como la Tierra se mueve más rápidamente en el perihelio, el invierno en el hemisferio boreal es (desde el punto de vista astronómico) un poco más breve que el del hemisferio austral. En 1840, el matemático francés J. Adhemar formuló la hipótesis de que la órbita terrestre podía explicar que la Antártida estuviera cubierta de hielos perennes, mientras que el hemisferio norte gozaba de las condiciones relativamente benignas que los climatólogos asocian con los periodos interglaciales, es decir, los intervalos más cálidos entre una glaciación y la siguiente. Pero la situación es más complicada.

A causa de la atracción del Sol y de la Luna y de la forma achatada en los polos de nuestro planeta, el eje polar no permanece fijo en el espacio, sino que por un lado describe un giro alrededor de un eje perpendicular a la órbita terrestre, trazando un cono completo en un periodo de cerca de 25.000 años (la llamada precesión de los equinoccioes), y por otro varía su inclinación respecto a este eje entre 21,8 y 24,4 grados (el valor actual es de 23,5º). Dado que el ciclo estacional es obviamente el resultado de la oblicuidad, ya que los rayos solares inciden con diferentes ángulos en los dos hemisferios en las distintas estaciones, las variaciones de la oblicuidad “modulan” la amplitud de las variaciones de temperatura entre el invierno y el verano.

Además como señaló en los años 60 del siglo XIX el escoces J. Croll, la atracción de los planetas causa variaciones continuas en la excentricidad de la órbita de la Tierra. Actualmente, esta excentricidad es de apenas un 1,7% pero los cálculos de Le Verrier indican que puede alcanzar casi un 6% y que un ciclo completo dura decenas de miles de años, es decir, un tiempo del mismo orden que el intervalo entre dos eras glaciales.

Al mismo tiempo, la orientación del eje mayor de la órbita se desplaza y, por lo tanto, el paso por el perihelio puede producirse en momentos diferentes del ciclo estacional controlado por la oblicuidad.

El primer astrónomo que elaboró una teoría completa de todos estos efectos, calculando la variación en el tiempo de la insolación media en las diversas latitudes, fue el yugoslavo M. Milankovitch en 1.930.

Hoy en día, las conclusiones de Milankovitch sobre el origen astronómico de los ciclos glaciales han encontrado importantes confirmaciones. El análisis de “zanahorias” de materiales extraídas de los lechos oceánicos y de los hilos antárticos han permitido calcular las temperaturas medias de nuestro planeta hasta un periodo que se remonta a cientos de miles de años. Las periodicidades que se observan en la curva de la temperatura en función del timepo son idénticas a las previstas por la teoría de Milankovitch, basada en la evolución de la órbita y de la rotación terrestre.

Feedback

Pero, ¿cómo es posible que variaciones en la insolación media de unos pocos puntos porcentuales puedan provocar efectos tan espectaculares como los que caracterizan las glaciaciones y, en particular, el impresionante avance del casquete polar boreal?

Croll fue el primero en sugerir una respuesta en términos de un efecto de feedback o retroacción positiva. En efecto, Croll observó que cuando un invierno es más frío que la media, la nieve se acumula en regiones más extensas y hace aumentar el albedo medio de nuestro planeta, es decir, la fracción de luz solar que no es absorbida, sino reflejada hacia el espacio; esto causa una ulterior disminución de la temperatura, y así sucesivamente.

Milankovitch propuso una variante de la misma teoría, que probablemente se aproxima más a la realidad: según él, el factor deterinante de una era glacial no son los inviernos fríos, sino los veranos frescos. De hecho, si la fusión de las nieves en primavera y en verano es incompleta, todos los años se acumulan en tierra fierme estratos de hielo cada vez más espesos.

Esto coincide con el hecho de que hace 10.000 años, al final de la última glaaciación, los mecanismos astronómicos estaban produciendo en el hemisferio septentrional diferencias ada vez menos sensibles entre las estaciones y veranos cada vez más cálidos.

¿Y el dióxido de carbono?

26eldioxidodecarbonomuyaltoLas tomas de muestras de hielos antárticos a gran profundidad han revelado una clara relaciónentre esta abundancia y la temperatura media; por ejemplo, durante la última era glacial la atmósfera contenía solamente 200 partes por millón de dióxido de carbono, fracción que ascendió a 270 partes por millón a comienzos del periodo interglacial, y a casi 400 en las últimas mediciones debido a la acción humana.

Es bien sabido que el dióxido de carbono calienta la superficie terrestre por el efecto invernadero; pero actualmente se cree que existen complejos mecanismos bioquímicos, algunos de los cuales todavía están pendientes de determinar, por cuya acción un pequeño aumento de temperatura se traduce en una mayor cantidad de dióxido de carbono transferido de los depósitos sedimentarios d elos lechos oceánicos a los gases atmosféricos.

Así pues, el clima terrestre se perfila como peligrosamente inestable, en precario equilibrio entre los hielos de las eras glaciales relacionadas con la evolución de la órbita y la rotación terrestres y el calor del efecto invernadero.